

VAMOS DE ESTRENO. Sí, es verdad, a esta nave sideral aún le falta una mano de pintura pero como quiera que los motores funcionan a la perfección y el depósito de combustible está a rebosar, vamos a comprobar si el piloto es capaz en su primer vuelo, de llegar hasta la pista de aterrizaje de Burguillos del Cerro.Esta será mi primera escala para saludar a unos excelentes amigos y amigas, así de paso, me pavoneo delante de ellos enseñándoles este artilugio que adquirí a precio de saldo, y que solo gracias a mi destreza en el arte de la mecánica (yo antes arreglaba somieres y estañaba cubos de cinc), así he podido modificar un poco el diseño de esta nave.
Me acomodo en el asiento del conductor, no sé porque digo que es del conductor ya que solo hay uno y bien que lo siento, (del verbo sentir), porque ahora que lo pienso, no es que sea yo un Brad Pitt ni mucho menos y aunque mi hija tiene la mejor foto mía para uso comestible.... no, no es que se la coma, la tiene para amenazar con enseñársela a mi nieta pequeña cuando esta no quiere comerse la papilla, sí sí, lo hace a modo de arma persuasoria, pues como digo, ahora me arrepiento de no haber puesto un segundo asiento para una posible y circunstancial “pilota” (piloto en femenino), pues uno nunca sabe lo que se puede encontrar por ahí. Bien es cierto que esto no es un Simca 100, pero bueno, para algo lleva el llamado “piloto automático”, además de un asiento de cuero negro a todo confort y un conductor que si bien se asemeja a Quasimodo, no deja de ser un “latin lover” con su masculinidad a flor de piel, por si la piel de alguna flor, tuviera a bien desear un injerto metafísico aún cuando el físico (el mío), lo más probable es que se quedara solo en eso, pues lo de “meta” (verbo meter), tengo mis dudas más que nada por la falta de experiencia pues confieso, que la última vez (bueno, la última, la primera y la única) que me cogió en prácticas, fue cuando lo del famoso intento de golpe de estado en las Cortes con tan mala suerte, que aquel acto destinado a ser mi bautismo, se quedó en agua de borrajas pues en el momento culminante me asusté al escuchar los disparos y allí se acabó mi bautizo, mejor dicho, no acabó nada porque apenas si había empezado y aquello fue para mí un desastre mucho mayor que el de Tejero. O sea, que aquella funesta noche ninguno de los dos consiguió sus propósitos, y las pistolas fueron más de fogueo que de otra cosa, aunque a mí lo Tejero me importaba un pito, porque oye, hablando de pitos cada cual siente el suyo, y yo, lo que se dice sentir sentir, sentí muy poca cosa, mejor dicho, no sentí ná de ná.
Me acomodo en el asiento del conductor, no sé porque digo que es del conductor ya que solo hay uno y bien que lo siento, (del verbo sentir), porque ahora que lo pienso, no es que sea yo un Brad Pitt ni mucho menos y aunque mi hija tiene la mejor foto mía para uso comestible.... no, no es que se la coma, la tiene para amenazar con enseñársela a mi nieta pequeña cuando esta no quiere comerse la papilla, sí sí, lo hace a modo de arma persuasoria, pues como digo, ahora me arrepiento de no haber puesto un segundo asiento para una posible y circunstancial “pilota” (piloto en femenino), pues uno nunca sabe lo que se puede encontrar por ahí. Bien es cierto que esto no es un Simca 100, pero bueno, para algo lleva el llamado “piloto automático”, además de un asiento de cuero negro a todo confort y un conductor que si bien se asemeja a Quasimodo, no deja de ser un “latin lover” con su masculinidad a flor de piel, por si la piel de alguna flor, tuviera a bien desear un injerto metafísico aún cuando el físico (el mío), lo más probable es que se quedara solo en eso, pues lo de “meta” (verbo meter), tengo mis dudas más que nada por la falta de experiencia pues confieso, que la última vez (bueno, la última, la primera y la única) que me cogió en prácticas, fue cuando lo del famoso intento de golpe de estado en las Cortes con tan mala suerte, que aquel acto destinado a ser mi bautismo, se quedó en agua de borrajas pues en el momento culminante me asusté al escuchar los disparos y allí se acabó mi bautizo, mejor dicho, no acabó nada porque apenas si había empezado y aquello fue para mí un desastre mucho mayor que el de Tejero. O sea, que aquella funesta noche ninguno de los dos consiguió sus propósitos, y las pistolas fueron más de fogueo que de otra cosa, aunque a mí lo Tejero me importaba un pito, porque oye, hablando de pitos cada cual siente el suyo, y yo, lo que se dice sentir sentir, sentí muy poca cosa, mejor dicho, no sentí ná de ná.
¡Vaya nochecica! Tantos días que tiene el año y va el aguafiestas ese y coincide con mi toma de la Bastilla. Y es que lo mío es de juzgao de guardia. Lo de la bastilla lo digo porque muy fina no es que fuera la madrina del bautizo, que el culo, digo calculo a ojo buen cubero que andaría cerca de los 120 kg. Pero pa qué nos vamos a engañar, sirviendo yo de asusta-niños.... ¿a qué más podía aspirar?
Pero en fin, como que eso no es el tema de esta hoja de bitácora, sigamos con el despegue que esto promete ser muy interesante:Los motores suenan que es una delicia, pongo mi cadena musical con altavoces estéreos a todo volumen, piso el acelerador a fondo y…. ¡¡Catacraakkkkkk!! ¡¡Pumbaaaaa!!, no me doy cuenta que tengo puesta la marcha atrás, y ¡madre mía!, ¡¡qué leñazo le arreo a la nave que estaba aparcada detrás de mí!! Le hice un agujero tremendo en la cabina, le arranqué las ruedas de cuajo y la lujosa nave dio con su panza en el suelo formando un estropicio de dos pares de atributos masculinos. Menos mal que su dueño no andaba por allí que si no, este mi primer vuelo acaba peor que mi primer y único intento de bautizo. Eso sí, un señor que lo vio todo va y me dice el maleducado: ¡¡Dominguero!! ¡¡Ya te vale!! ¡¡A ver si ponemos más cuidao cacho inútil!! ¡¡que has dejao esta nave p´al desguace!!
¿Habrase visto poca vergüenza? (dije yo para mis adentros), pero me hice el disimulado porque aquel salvaje llevaba un martillo en la mano y nunca se sabe de lo que son capaces estos locos, que igual se cabrea, le da con el martillo a la puerta de mi nave y me la abolla.
El caso es que volví a intentar el despegue. Pongo la primera, voy soltando el embrague poco a poco y los cinco minutos miro por la ventanilla y suelto una exclamación a grito pelao: ¡¡Ala, no hace nada que he despegado y ya veo a las personas como hormigas!! Mas para sorpresa mía escucho la voz del mismo impresentable de antes que me grita: Eso que ves son hormigas de verdad idiota, burro más que burro!! ¿No ves que ni siquiera te has movido del sitio?
¡Jopé! ¡Que genio tenía el individuo, con lo bien que había comenzado yo el día y aquel insurrecto quería fastidiármelo.
Y pasado el bochorno por el pequeño y nada importante incidente, ahora sí, mi nave se desliza por la pista a toda velocidad mientras suena por mi equipo musical la retransmisión de una misa en directo en el preciso momento que el párroco pronuncia: ¡Que dios te proteja! ¡También es casualidad leche…..!
Y menos mal que unos obreros que andaban por allí arreglando baches, se apartaron con diligencia, pues cuando más velocidad llevaba, me salí unos metros de la pista y si no andan listos los hago papilla. Bueno, hay que reconocer que para algo sirvieron las palabras del cura.
Finalmente digamos que espero que mi primera escala en Burguillos del Cerro, se efectúe con un aterrizaje sin víctimas. Yo ya he avisado por radio que todos los burguiñanos se concentren en las cercanías del castillo, por si acaso, y además que se queden tumbados en el suelo hasta que yo pase por allí, no vaya a ser que lo haga en vuelo rasante y me los lleve por delante.
Ah, y que conste, ¡¡Llevo la “L”!!
Ya les contaré
Y pasado el bochorno por el pequeño y nada importante incidente, ahora sí, mi nave se desliza por la pista a toda velocidad mientras suena por mi equipo musical la retransmisión de una misa en directo en el preciso momento que el párroco pronuncia: ¡Que dios te proteja! ¡También es casualidad leche…..!
Y menos mal que unos obreros que andaban por allí arreglando baches, se apartaron con diligencia, pues cuando más velocidad llevaba, me salí unos metros de la pista y si no andan listos los hago papilla. Bueno, hay que reconocer que para algo sirvieron las palabras del cura.
Finalmente digamos que espero que mi primera escala en Burguillos del Cerro, se efectúe con un aterrizaje sin víctimas. Yo ya he avisado por radio que todos los burguiñanos se concentren en las cercanías del castillo, por si acaso, y además que se queden tumbados en el suelo hasta que yo pase por allí, no vaya a ser que lo haga en vuelo rasante y me los lleve por delante.
Ah, y que conste, ¡¡Llevo la “L”!!
Ya les contaré




