
HOGAR, DULCE HOGAR. Por fin se acabaron mis peripecias por el espacio sideral. Visto lo visto, mejor dicho, no habiendo visto nada digno de mencionar aparte de un Universo grandismo pero vacío, por lo demás, leche y picón. Volar por allá arriba es como si te metieras en un túnel sin paredes viendo siempre lo mismo, o sea, nada de nada. A veces te cruzas con alguna roca que te viene en dirección contraria a una velocidad de mil demonios y si no andas listo para esquivarla te hace papilla. Y cuando al cabo de un porrón de años avistas algún planeta, ni siquiera te puedes acercar porque no tienen ni pista de aterrizaje y aunque la tuvieran, mejor no ser curioso porque como se te pare el motor, ya me explicarás como sales de allí sin plataforma lanzadera y sin el gracioso ese que no sabe ni contar, pero que se ve que le hace mucha gracia aquello de: 9, 8, 7, 6, 5,… ¡Que manía con hacerlo siempre al revés!Así que, cierto es que me puedo vanagloriar de haber recorrido este mundo y todos los demás y que he hecho más kilómetros que el cometa Halley, por cierto, me gustaría saber a mí quien maneja el hilo de este cacho cometa para que después de tantos miles de años, aún no se le haya escapado la cuerda.
Lo curioso es que si alguien me pregunta que le describa los lugares por donde pasé, ahí ya me han pillao porque cualquiera les dice que no he visto nada. Las fotos mejor ni enseñarlas porque todas son iguales. Bueno miento, de vez en cuando también te encuentras dando tumbos un peazo roca cada tropecientos mil kosmociómetros pero sin chicha ni limoná, total, peñascos que no sirven para nada y que van dando vueltas por ahí como alma en pena pero que son objetivo de programas espaciales, nada más y nada menos que para saber si el peñasco es de mármol, arcilla o plastelina ¡manda huevos!
Unos programas y carísimos proyectos que vale, lo reconozco, si no fuera por ellos, yo nunca me podría construir mi chalet en Marte por ejemplo, que oye, no sé porqué pero Marte me tiene enamorao quizá por esa belleza natural que dios le ha dado con esos paisajes idílicos a base de bellos bosques, verdes prados, riachuelos de aguas transparentes y una fauna poblada de animales de todas las especies.
Y como va a ser que no, yo me pregunto para qué narices se gastan tantos miles de millones de euros en mandar a los planetas cacharros super sofisticados que a veces ni se recuperan, tirando así las perras por la rejilla de la alcantarilla. Claro como no son suyas…
Es que yo a mis…. (iba a confesar mis años, pero ese es un dato irrelevante en el programa espacial), digamos que son muchos, y sin embargo mi vida no ha cambiado ni un ápice, sigo lo mismo que cuando era un mocoso. Yo pensaba que a partir de la llegada del hombre a la Luna, yo sería una Alicia y el mundo un país de maravillas. Pues vaya país de maravillas, resulta que si no curro no como y aún currando, como poco y mal, porque lo bueno y mucho se lo quedan los de la Nasa todo para ellos.
Ah, y eso del progreso y los avances tecnológicos, ¡una milonga!, solo quieren vendernos la moto para que ellos puedan pasearse en lujosos automóviles y tener un harén de amantes que las llaman becarias y se las llevan hasta el despacho oval para entretenerse con ellas los guarrindongos.
¿Y yo qué? ¿alguien ha pensado en mí? ¡Pues que yo sepa, no! Y si alguien lo ha hecho, que levante la mano. El caso es que aquí sigo como hace…. un capazo de años.
Cuando Armstrong pisó suelo lunar me dije: ¡Gracias Dios mío! Ahora seguro que traen de allá algún tipo de material que servirá para que me devuelva la vista y para que la gente viva más dignamente, ¡Y un jamón! Quiero decir que como nos descuidemos hasta eso nos van a quitar. Y ni vista ni gaitas, continúo caminando con una especie de palo llamado bastón, porque ahora, al igual que entonces, no hay nada mejor. Y la pobre chica que sin yo darme cuenta se encuentra con el palo entre las piernas, se arrea un susto de mil demonios.
Vale, ahora tenemos lavadoras automáticas, neveras, microondas y un montón de cacharros que la mitad no sirven para nada, estorbos que guardamos en el altillo porque da pena tirarlos pero que a la vuelta de unos años acaban en la basura. La mayoría están fabricados con cuatro pedazos de hojalata o plástico al que le aplican un motor que ya existía antes de los viajes a donde Cristo perdió el gorro, y botones, muchos botones, un botón para esto, otro para aquello, este para ponerlo en marcha, este otro para pararlo y aquel para que cante el “donde estará mi carro” de Manolo Escobar. Van acompañados de una enciclopedia a modo de "Instrucciones" que parecen el libro gordo de Petete para al final no enterarte de ná. Usease, miles de botones que también existían antes de los Discoverys, los Apolos u otros artilugios robotizados que tampoco sirven para una leche si exceptuamos la recogida de piedras que traen de por allá arriba, (como si aquí no hubiera bastantes), para que los ingenieros de la nasa las utilicen de pisapapeles para chulear delante de los amigos, porque eso de tener una piedra lunar encima de la mesa del despacho, no veas como mola. ¡Con las que recogió mi abuelo del olivar sin tantos avances tecnológicos! Tenía un olivar que era un pedregal y lo dejó limpio como una patena sin que nadie le viera pavonearse con los amigos, ni utilizar ninguna de las piedras para sujetar papeles, para eso tenía un gancho de carnicero y allí los iba pinchando todos muy bien ordenadicos. El pedregal más grande del pueblo era el de mi abuelo y juro que por allí no se acercaba nadie a buscar piedras. Hay que ver lo que vale una piedra según sea del olivar de mi abuelo o de la Luna.
Para la recogida, ni escafandras ni trajes de astronauta ni zarandangas, con unos pantalones de pana, una camisa a cuadros unas abarcas y una talega para la merienda y la sombra del sol como reloj, se bastaba y sobraba. Sus brazos de carne y hueso se las apañaban de maravilla, y no como esos otros de metal que valen una fortuna y total, ¿qué hacen? ¿hacen algo diferente a lo que hacía mi abuelo?
Que ná chicos, que esto es un camelo.
Si las sociedades modernas han avanzado algo no ha sido por que la Nasa se esté gastando lo que no hay en los escritos. Ahí tenemos al inventor de la fregona, que ese sí que hizo un buen trabajo para la humanidad, las mujeres y hombres todavía se lo están agradeciendo. ¿Cuántos microchips lleva incorporados la fregona? ¿Qué composición aleatoria de metales desconocidos traídos de otros planetas se utilizan para su fabricación? Eso sí que fue un gran paso para la humanidad porque a ver, ¿Quien no ha cogido el mocho en más de una ocasión? ¿Y quien ha ido a la Luna alguna vez? Está claro ¿no?
¿Y qué me dicen del chupa-chups, además con la particularidad de que su inventor es español.
¿Y las pipas? ¿Quién no ha consumido pipas? ¿Las han traído quizás de la Luna? ¿Y quién ha ido al cine y no se comido una buena ración de palomitas?
Eso por no mencionar el chorizo de Cantipalo los espárragos trigueros, las perrunillas, el jamón pata negra, las migas, la fabada, el pá amb oli tomaquet i pernil, los churros, el all i oli…
Cierto que ahora se viaja en coche con motores de muchos caballos y antes lo hacíamos en un carro tirado por uno solo, pero, ¿Y el ruido y la porquería que tenemos que tragar cada día a cambio?
Todas esas cosas y muchas más, han estado con nosotros desde mucho antes que oyéramos a Armstrong decir un 20 de Julio del 69: “Este es un pequeño paso para el hombre y un gran salto para la humanidad”. Pues si todos los saltos para la humanidad van a ser como aquel, estamos apañaos y que dios nos coja confesaos para que en el próximo salto no haya un precipicio.
Porque a ver, las casas se siguen haciendo con los mismos ladrillos que antes con la única diferencia de que ahora cada ladrillo cuesta un “güevo” y parte del otro. Y de seguir con esos precios, estos adelantos científicos tan progresistas nos van a llevar a los puentes. Yo ya le tengo echao el ojo a uno que una mano de pintura me va a quedar la mar de cuco.
Por supuesto que tampoco me desmaterializo en casa y me materializo a los pocos segundos en la oficina, tengo que coger el metro o el autobús, aguantando los exquisitos aromas de la gente que huele a podrío, porque si lo vamos a mirar, ni siquiera han inventado jabones para eliminar los malos olores y mi abuelo, que háblale tú de viajes interestelares, él se lavaba con uno hecho en casa y olía a rosas. Digo lo de viajar en tren o autobús cuando no están en huelga porque si lo están como es habitual, este mundo tan moderno desde el asalto a otros planetas se paraliza y se convierte en un caos total.
La burra de mi abuelo nunca se estropeaba, no conocía las huelgas, no la llevó nunca al taller y no gastaba gasolina, esa gasolina que desde que existe la Nasa nos la regalan.
Ahora, eso sí, tenemos un mundo mucho más sano, justo y equitativo, ya hemos erradicado las enfermedades, la pobreza, la polución, las guerras, la violencia de género, el abuso a menores, la explotación laboral, las mafias, los políticos corruptos…. Y lo más importante de todo: los niños. Ya no muere ninguno de enfermedad, de hambre ni por falta de medicinas.
Y todo gracias a la batalla que estamos librando en la conquista del espacio que además, nos está saliendo gratis.
Dejaremos para otro día la polémica de si realmente se llegó a pisar suelo lunar, ya que existen dudas más que razonables para pensar que aquella epopeya que significó el alunizaje en la misión del Apolo XI, haya sido el montaje más descarado en toda la historia de la era espacial. Un posible y más que supuesto engaño y una tomadura de pelo que quizás un día sea revelado.
¡Si mi abuelo levantara la cabeza…..!




2 comentarios:
¡Madre mia, Chinlu! ¡Que espesura!, esto tiene más enjundia que la carta magna (magno es otra cosa, creo que un helao a la carta, tambien un coña de licor, no de cachondeo, lo dejo aqui que si no acabo como tú perdido en el espacio...
Mas quisieramos muchos, ver la mitad que tú ves sin luz, la mayoria vemos por no tropezar y otros tropezando ven más que mil pares de ojos, con el corazón se ven cosas que la retina no alcanza y que muchos no vemos por no hacer el esfuerzo, ¡Vaya! pues no me estoy poniendo blandito... Tendré que ir a hacer ejercicio para ponerme durito, Bueno majete, nos vemos, si, he dicho bien nos vemos...
Que tengas un buen dia.
Nos vemos puñetero, pero no en los Sanfermines eh, que yo para las carreras soy mu torpe, bueno, soy torpe para casi tó, pero si me vieras correr, te tronchas de risa.
La aventura espacial se acabó, por allá arriba no hay ná que valga la pena, me refiero a la pena que da ver to aquello tan deshabitao, es más, por allí nos ves un cordero ni por casoliá, jejeje.
Asín que quédate con los pies en el suelo y disfruta del susodicho en sus dos géneros, si pué ser del femenino, mejor, siempre claro, con un buen entrante para asegurar un apoteósico saliente acorde con las preferencias de la comensal de turno, que no es lo mismo que decir hacer un turno para comer sal, aunque la compañía sea mu salá.
Bueno, te dejo que voy al desguace a ver si encuentro por ahí un catamarán de segunda mano que no esté muy mal y cuando lo tenga a punto, te invito a romper la botella de cava en su casco el día de la botadura, y aluego, si quieres apuntarte al crucero, te haré una oferta especial de amigo, te descontaré un 0,0005% del coste real pa que se note que la amistad no tiene precio, jejeje.
¡Nos vemos, salao!
Publicar un comentario
Suscribirse a Enviar comentarios [Atom]
<< Inicio