

¡¡ESTOS MÓVILES DEL DEMONIO!!
¡Qué güena gente son estos amigos de Burguillos! Me han dejado gratis un espacio considerable en un hangar de su aeropuerto para aparcar mi nave “Terremoto” durante un largo tiempo, mejor dicho, para toda la vida porque ya no pienso utilizarla jamás. Le iba a poner un toldo pero me dijeron que no, que era mejor dejarla a la vista para reclamo de potenciales compradores de plazas de parking, pues no hay que olvidar que mi nave es un prototipo de diseño avanzado que enamora la mires por donde la mires.

Un día en que me llegué por el hangar para quitarle un poquito el polvo a “Terremoto”, que la pobre estaba hecha una calamidad por culpa de unas obras iniciadas muy cerquita de allí, me pasó una cosa curiosa, sin duda provocada por esa locura colectiva en la que todos estamos inmersos con la llegada del teléfono móvil, un artilugio inventado por el demonio para atraer clientes pues últimamente este insurrecto estaba perdiendo cuota de mercado porque aunque se peca más, se condena menos, ¡y eso le duele al del tridente…!
En fin, que una vez acabadas las tareas de limpieza, me dirijo a la parada del autobús para encontrarme con mi amigo Justo con quien había quedado para tomar una cañas, sí sí con tapas. Las cañas las pagaba él y las tapas también. Luego a la hora de beber y comer íbamos a medias.
Naturalmente siendo ya un terráqueo con todas las de la ley, no tuve más remedio que comprarme un móvil, nombrecito que le han puesto a estos cacharros no sé porqué, pues si su propietario no los mueve, ellos por sí solos son inmóviles, pero bueno, aceptaremos “móvil” como animal de compañía, me refiero a la compañía que nos cobra porque esta gente sí que son unos animales de mucho cuidao a la hora de redactar las facturas, animales pertenecientes a la familia de los parásitos aunque a diferencia de aquellos, éstos se alimentan de nuestras cuentas bancarias. ¡Que nos arrean cada bocao!, que ni Drácula ante una yugular.
Pues nada, que yo más chulo que un ocho con mi móvil en el bolsillo del pantalón, me introduzco en el autobús no con poca dificultad porque yo creo que allí dentro había coincidido todo el pueblo a la misma vez. Me situé como pude junto a una barra para sujetarme pues el chófer conducía como si le hubiese tocado el carnet en una rifa. La verdad es que no hacía falta sujetarse a ningún sitio ya que todo el personal viajero era algo así como un amasijo de carne soldada. Y mira tú por donde, en el reparto de baldosas donde yo tenía que ir clavao, voy y caigo justo en la popa de una rubia “gabacha” turista, con una mata de pelo impresionante recogida con una diadema para formar una cola no menos impresionante. Y claro, cada vez que el chófer del autobús hacía gala de su saber frenar, aquella cola de caballo, perdón, de “gabacha”, se me metía en el ojo izquierdo Y lo mismo cuando ella giraba su cabeza a izquierda o derecha. ¡patapumb!, su cola en mi ojo izquierdo
Una vez mi ojo irritado, fui yo quien se irritó y le dije con mi francés parisino: “Pardón mademoiselle, je suis hasta los güevés porcua su colé me la meté en el ojé”.
Ella se giró y me miró…. me miró con una mala leche de tres pares de atributos masculinos similares a los del caballo del Espartero, lo cual quiere decir que entendió mi correcto francés. Y a grito pelao para que todo el mundo se enterara me dijo dejándome avergonzao: ¡La mae que lo parió malahe! ¡Uzté m´eztá metiendo a mí la zuya por er culo jase ya tre estasione y yo no le disho ná. ¡dehenerao! ¡zerá pozible ezte pavo!
Naturalmente, mi tez se tornó colorá y el rubor que sentí me quemaba las mejillas. ¿Qué pensarían los pasajeros de mí? Eso sí, me quedé dudando si era una francesa que hablaba de muerte el andaluz, o se trataba de una andaluza que chapurreaba fatal el franchute. No he dicho que aquel bombón era un bombón, ¿verdad?, pues lo era y lo digo ahora porque tenía un bouquet…. Bueno, a decir verdad eran dos ¡Uno como los de Ferrero Rocher y otro como los de Mon Cherí!
Tengo que reconocer que el bombón en cuestión tuvo más paciencia que yo aguantando impasible el producto del chaca-chá del autobús, la “pericia” del conductor, lo apretujao que íbamos y el firme bacheado de la calle principal de Burguillos. Por cierto Capa, a ver si tú que tienes influencias, le das un toque al alcalde, que esa calle parece un bancal sembrado de auténticos cráteres. Y espero que no seas tú quien hace la selección de conductores de autobús porque desde luego os habéis lucío.
El caso es que ante la reprimenda de la buena moza dejando mi cara roja como la cresta de un pavo, y ante la mirada del pasaje con no poco cachondeo, me apresté a bajar en la próxima parada, y cuando el “manitas” del conductor frenó “suavemente”, antes de apearme miré al bombón y a los pasajeros y dije a modo de disculpa:
—¡Era el móvil!
Y aquel bombón haciendo gala de tener más reflejos que Casillas (portero del Madrid, qué asco de equipo), respondió en voz alta antes de que yo me apeara:
—¡¡¡Ah zí!!!, po avé zi er prózimo ze lo compra zin vibraó, cohone!!!
En fin, he visto por ahí a gente que lo llevan en la cintura como si fuera una pistola en su cartuchera y ahora entiendo la razón.
Habrá que comprarse una.




2 comentarios:
HOLA "degenerao", mira que arrimar la cebolleta... y los tomates y el pimiento, llevabas de tó para el gazpacho y acabaste hablando gabacho que suena parecido pero no es lo mismo, con que quitando el polvo al "ruplano", eso es lo que te venia bien a tí que te echaran más polvos encima asi luego no te "zumbaria" el "movil" como te zumba, que parece un estadio de Zimbawe cantando el "only you".
Ale que te mejores de lo tuyo, y cambia la pila al movil que "aluego" a la hora de la verdad, no vá ni pá tras ni pá lante.
Saludos. Que tengas un buendia. y vete en taxis que asi esas cosas no te pasan
Encontré a la "muchacha gabacha" entra en el blog y escucha, pero que no vá dedicada no vayas a pensar que es por ti, rayito de sol. Con mujeres poetisas, como está para que quiere uno enemigos.
perolo-perolo.blogspot.com
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