
SE PUSO MÁS QUE DIFÍCIL. !Bueno bueno bueno!, la que se lío en ese Planeta donde a falta de agua se lavaban con saliva.Cuando debido a mi destreza y habilidad en el manejo de naves especiales, digo espaciales, sobre todo en aterrizajes y despegues, pude hacerme con el control de la nave, miré hacia atrás y me dije: ¿Todo eso lo he hecho yo? ¡Madre mía la que he organizao! De una tacada, mejor dicho, de una aterrizada, me había cargao a medio Planeta.
Bueno, mirémoslo por el lado positivo y la verdad es que he tenido suerte y ahora son la mitad de los que eran y por tanto, el castigo será el doble menos de lo que me espera, —me iba diciendo a mí mismo no demasiado convencido.
El caso es que los pocos que quedaron que aún podían respirar, me apresaron y me condujeron hasta la cabaña de un señor que era más feo que pegarle a un padre y con doble capa de piel: una la suya propia y otra superficial producto de la sequía de aquel Planeta. Yo haciéndome el disimulado, miraba para el cielo preguntado dónde estaban las nubes, pues necesitaba con urgencia una ducha.
¿Nubes?, dijo un nativo en un idioma que gracias a mi dominio de la lengua en cualquier lugar, (no penséis mal que esto es muy serio), pude comprender. ¿Conque nubes eh?, —repitió el nativo—, nu-bes la que has formao inútil con ese aterrizaje chapucero.
¿Chapucero? —respondí yo—. Den gracias a mi soltura y maestría que de no ser por esa alta capacitación que poseo, en estos momentos este Planeta estaría extinguido, quiero decir su raza, bueno también el planeta porque tendríais que ver como quedó cuando logré parar el trasto.
Yo no sé si ellos me entendieron pero pusieron una cara que de verdad yo me asusté tanto, que en aquel momento hubiera cambiado la ducha por un inodoro. No obstante, no me dejé amilanar y me dije: ¡Aquí hay que ser más listos que ellos!, e ipsofacto puse a trabajar mi privilegiada teligencia. Me acordé que entre Capa, Remi, Perolo y Loli arrejunté una buena colección de botellicas de vino de la mejor calidad, que junto al cava de Carmen, Charo y Nuria, unido a la virgen de Málaga, perdón, quise decir al tinto Málaga virgen de la sin par Rakel, podía servirme para lograr mis objetivos, me refiero a los objetivos de salir de allí entero, pues los otros objetivos, los de mi cámara Polaroid, ya los dí por perdidos cuando choqué contra la barrera del sonido. Sí sí, era una barrera que sonó como mil cañones disparando a la vez cuando antes de frenar ya en suelo desconocido, impacté con ella, pues la tenían puesta para que ningún manazas pudiera incrustarse entre las viviendas en caso de un aterrizaje forzoso.
Al final accedieron a acompañarme hasta mi nave o a lo que quedaba de ella y les ofrecí una botellica de vino. Había por allí uno, feo con avaricia, que continuamente se hacía el listillo amenazándome con una especie de martillo de piedra, que eso sí, fuerza tenía el feo más que Sansón porque el martillo era el rulo de una apisonadora y el mango una de las columnas de la Torre de Hércules. Y va el gracioso y me dice: ¡Con esta botella solo salvarás una mano!
Aquí fue cuando más me asusté porque el Di Caprio este levantó con una sola mano el martillo y lo puso a un par de metros por encima de mi cabeza amenazándome con dejarlo caer. Ante tal situación me acordé que llevaba una caja de perrunillas, la abrí y les ofrecí una para que se la repartieran, diciéndoles que era la única que tenía. Y encima estos desagradecidos me llamaban tacaño. O sea, que tampoco esto coló y haciendo un pasillo estilo Barça felicitando al Madrid, veo que se me acerca uno de aquellos Quasimodos o algo parecido, con un cútex de 15 metros, mientras otro me cogía una mano y la ponía encima de un tronco sin entender yo el motivo hasta que dijo: ¡Otra botella de vino o mano cortá p´al cochino! Me extrañó que allí hubiera cochinos hasta que me enteré que así le llamaban al jefe, seguramente por la similitud de su cara con uno de ellos. Además el elemento este era de color negro como la madre que lo parió y no por su piel sino por la roña que lo cubría pues como dije anteriormente, allí no conocían el agua.
Con todo el dolor de mi corazón pero evitando el dolor de la mano, me vi obligado a sacar otra botella del líquido elemento. Pero como estos animales eran más tozudos que feos, para salvar mis manos, piernas, orejas, nariz y todos los demás miembros, casi apuré la bodega, las perrunillas y el cava, (Carmen, ves preparando otra caja). Y cuando descubrieron que aún me quedaba un pequeño resto del lote, me bajaron los pantalones y los slips, e hicieron acercarse al del cútex. Mira, me entró una mala leche, que si en vez de ser 2000 como eran, hubieran sido solo 1999, los remato allí mismo a todos, ¡amos hombre!, pero aquel tío con el cútex rozando mi masculinidad (dejemos aparte tamaños), pues oye, la verdad es que imponía.
¡Quieto parao!, le dije en cuanto vi que su mano se movía. Y para evitar males mayores y miembros menores, fui yo el que se movió echado el resto, me refiero al resto de provisiones que se los eché de mu mala gana encima como si fuera pienso pa los cochinos pues eso era lo que parecían. Reme, Capa, Nuri, Perolo, Loli, Charo: Ir reservando otro pedido de la misma marca.
Pocos minutos después de haber ingerido el vino, el cava y haber acabado con las perrunillas, empezaron a desplomarse como si les hubiese dado a todos una subida de tensión. Fue entonces cuando la mía bajó y ante tal panorama favorable pensé que había que actuar con urgencia.
Sabía que había que reparar con rapidez la nave y como ya sabéis que yo fui somierero, material necesario e imprescindible para la reparación de naves espaciales, me apropié de cuantos somieres pude, no sin antes tener que desembarazarme de una nativa demasiado cariñosa que se empeñaba en demostrarme lo que sabía hacer sobre uno de aquellos somieres (para postre sin colchón), al que le faltaban casi todos los muelles. Feos eran un puñao, pero se ve que a ellas eso no les afectaba a la hora de calentar el guisao.
Es verdad que agua no tenían pero a estas mozalvetas carburante para el fuego no les faltaba. ¡Y del bueno! Otras cosas no sabrían hacer pero...., !Juuuuuer! Con razón dicen que la molienda no tiene enmienda y quien quiera que lo entienda. Ciertas prácticas se ve que se aprenden hasta en las galaxias más remotas.
Si no llega a ser por que soy experto en mantener la frialdad.... ¡Eyyy! ¡Eyyyy!, ¡solo cuando la ocasión no lo merece eh!
Por fin me liberé de sus impetuosas y ardientes acometidas porque si en algo quería montarme yo, era en mi nave para salir de allí como alma que lleva el diablo.
En aquellos momentos cualquiera pensaba en esas bobadas.
Y salí, ¡Vaya si salí! Y es que los somieres en mis manos hacen milagros.
Ahora ya con los motores en marcha, a ver para donde tiramos porque con este pequeño percance he perdido hasta mi brújula. Pero en fin, cualquier lugar donde aterrice, seguro que será más hospitalario que este. Y por supuesto, confío en que mi "TERREMOTO" lo haga con la mínima intensidad en la escala de richter. Pero eso será en otro capítulo.





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